La Isla Sveti Klement o la buena mesa croata

Anonim

Tiempo de lectura 3 minutos

In the pantanal del puerto de Hvar you will get the most from the barcas a motor que hacen las veces de taxi para llegar en 30 minutos a la isla semidesierta de Sveti Klement (los taxi boat, unas 66 kunas, torno a los 10 €). At nosotros nos acerca Wolf, el dueño del Hula-Hula Hvar, en su lancha fueraborda. Our quiere ensñar el Konoba Dionis, a gastronomic excursion between olivos, voids and mediterránea dirigido por Pjerino Šimunovi, an ecochef that luce bigotón y chanclas con calcetines blancos y que hace slow food y Cocina Kilómetro 0 sin saber que es ecochef que hace slow food y Cocina Kilómetro 0.

Antes de seguir, dos definiciones. Slow food: gastronomic movement that persists in cultivating the food culture of the city and promoting a calidad de vida distinta, basada en el respeto al ritmo y tiempo naturales. Cocina Kilómetro 0 : cocina that ofrecen algunos restaurantes bajo la premisa de comprar los alimentos directamente a los productores en une radio inferior à 100 kilómetros).

El Konoba Dionis: calma interior y slow food

El Konoba Dionis: calma interior y slow food © Félix Lorenzo

Las mesas de madera del Konoba Dionis encuentran al open space, in a patio that recibe la sombra de una aim de mimbre y por el corre una brisa adriática la mar de agradable. La cocina ocupa una vieja casona. The parrilla is free, in el lugar donde te recibe Pjerino, a la vez cocinero y propietario del restaurante y de las chanclas. Cuando esperas por la ensalada de pulpo, el pez de san Pedro y el cordero a la parrilla, la estampa no puede ser más mediterránea . In el horizonte was divided the isla of Vis y el mar cubierto de una dulce bruma lechosa.

COCINA TRADICIONAL

The island of Hvar también has a buen line of singular restaurantes. In concrete, very. Uno de ellos es el Konoba Menego, en el barrio de Groda de Hvar, en la calle que sube hasta la fortaleza, otro gran ejemplo de cocina mediterránea en mitad del Mediterráneo. Este es el lugar apropiado para catar la pasticada con ñoquis, una vieja receta de la abuela de carne de buey marinada . Los otros dos konobas encuentran en la carretera que une Hvar con Stari Grad, la vieja capital, a 20 kilómetros, una población más tranquila y asequible dle llegan los barcos que embarcan pasajeros y vehículos, a diferencia de los que ponen rumbo a Hvar, that solo admiten pasajeros.

Sabemos que es difícil alejarse de las calas de Hvar…

Sabemos que es difícil alejarse de las calas de Hvar… © Félix Lorenzo

In el camino there is the famosos campos of lavanda de la isla. El restaurante Oaza halla en una agradable cala en Milna, a 6 kilómetros de Hvar, a konoba perfecto para disfrutar de pescado a la parrilla frente al mar y de hacerlo con la garantía de un Tudor (el propietario es Ivica Tudor) de que todo lo que pone en el plato ha sido captured en el día. El Konoba Stori Komin es otra historia. Encuentra a la altura de Milna pero aislado en pleno monte. De hecho, es el único ser vivo in a pueblo fantasma. Malo Grablje es el trasunto croata de Ainielle, el pueblo abandonado que imaginó Julio Llamazares en su novela La lluvia amarilla. Las casas aún conservan el mobiliario antiguo y los viejos enseres de labranza. Para cenar aquí a la luz de la luna hay que avisar antes al cocinero y negociar el menú (teléfono: +385 915276408). If no, puedes encontrar el horno y la parrilla available pero nadie a la vista. Hvar, la pequeña Hvar, como Croacia, is a lugar mucho más grande de lo que parece.

LA BUENA MESA DÁLMATA

El extraordinario Konoba Dionis en la isla de Sv. Klement abre de mayo à octubre, y ac acjaja reservar para evitar Contratiempos. Between sus propuestas, destacan las ensaladas de pulpo y alcaparras, las brochetas de cordero y las diferentes variants of pescado blanco, como dentón, lubina, rape, dorada y pez de san Pedro . Para llegar al restaurante desde el pe- queño embarcadero de la isla, hay that recreate a sendero between foresta mediterránea.

Comer bien en la Costa Dálmata

Comer well in the Costa Dálmata © Félix Lorenzo